Stop-Loss vs Protective Put: Cómo Asegurar tu Cartera por 50 € al Mes

¿Pagarías una “cuota de tranquilidad” de 50 € al mes?

Imagina que tu cartera vale 100 000 € y que, por algo menos de lo que te cuesta Netflix, pudieras limitar cualquier caída brusca a un nivel conocido de antemano. Ese pequeño pago no es un stop-loss, sino una put protectora: un contrato que te permite vender tus acciones a un precio fijado, pase lo que pase en el mercado. Los grandes fondos lo llaman hedging; a ti puede sonarte a seguro de hogar, pero para tu patrimonio financiero.

La herramienta rápida que a veces te deja fuera en el peor momento

El stop-loss es instantáneo y gratuito: decides un nivel de salida y, si el precio lo toca, tu broker liquida la posición. Funciona… salvo cuando llega un gap de apertura y te vende mucho más abajo de lo previsto, o cuando un barrido de volatilidad te echa justo antes del rebote. Cada trader tiene historias de amor y de terror con los stops, porque en mercados nerviosos pueden comportarse como una puerta giratoria descontrolada.

La protective put: pagar hoy para capear la tormenta de mañana

Comprar una put sobre el mismo activo que posees es, sencillamente, trasladar el riesgo extremo a quien te vende la opción. Tú desembolsas una prima —digamos 50 € al mes— y recibes a cambio el derecho a liquidar tu posición a un strike concreto durante el tiempo que dure el contrato. Si llega un desplome, la put sube de valor y amortigua la caída; si el mercado sube, sigues dentro disfrutando de la tendencia. Pagas por conservar la oportunidad, no por renunciar a ella.

Del susto al alivio: la diferencia que marca un strike garantizado

Supón que mantienes 10 000 € en un ETF global y compras una put a seis meses con strike un 10 % por debajo. La prima cuesta 300 € (50 € al mes). Escenario A: el mercado cae un 20 % en una semana. Tu ETF pierde 2 000 €, pero la put vale ahora casi 1 500 €, de modo que tu “herida” neta ronda los 500 €. Escenario B: el mercado sube un 15 %. Ganas 1 500 € y pierdes la prima ya gastada. En ambos casos conocías de antemano el precio de tu tranquilidad.

Mi flujo real: ProRealTime para analizar, TWS para ejecutar

Cuando detecto volatilidad creciente o un evento de riesgo —presentación de resultados, reunión de la Fed, tensión geopolítica—, abro ProRealTime y reviso la curva de volatilidad implícita. Si las primas están razonables, lanzo la orden en la TWS de Interactive Brokers, eligiendo un strike que limite mi pérdida a un nivel asumible y un vencimiento coherente con mi horizonte de inversión. Después sólo vigilo el theta: cuando quede poca vida útil, renuevo o retiro la cobertura según el contexto.

No siempre es barato, pero casi siempre es útil

Un protective put tiene más sentido cuando la volatilidad histórica está baja —las primas son asequibles— y prevés un catalizador que pueda sacudir al mercado. También encaja en carteras orientadas al largo plazo: prefieres mantener tus acciones y pagar una póliza antes que jugártelo todo a que el stop respete tu nivel mientras duermes. Y, por supuesto, es un salvavidas emocional: si te cuesta conciliar el sueño viendo números rojos, tal vez sea la mejor inversión que puedas hacer.

Ni “carísimo” ni “solo para expertos”: tres ideas erróneas

«Cobrarme esa prima es tirar el dinero». No lo es cuando te ahorra salidas en falso o brechas nocturnas. «Es lo mismo que un stop». No: el stop cancela tu posición, la put la protege mientras sigues dentro. «Necesito ser un gurú de opciones». Para un simple hedge basta comprender que la pérdida máxima es la prima y que mantienes intacto el potencial alcista.

Una pequeña prima para un gran descanso

Puede que decidas seguir con tus stop-loss y que la idea de pagar cada mes no te convenza. Pero si alguna vez el mercado te despertó a medianoche, merece la pena probar la sensación de un airbag financiero. Lo importante no es cuántas veces sube la bolsa, sino qué tan protegido estás cuando decide bajar sin avisar.

Aleix Fayos

Formador y trader por cuenta propia de acciones, futuros y opciones.